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Soy Mar,
y mi relación con la fotografía viene de observar.
Crecí entre ciudad y pueblo, aprendiendo que cada lugar tiene su propio ritmo.
Con el tiempo entendí que fotografiar
no es dirigir ni intervenir,
sino estar presente.
Mirar con calma, acompañar sin interrumpir y respetar lo que sucede.
Viajar amplió mi forma de mirar.
Conocer otros lugares y otras culturas me enseñó a entender que cada historia es única y merece ser contada con honestidad.
Desde hace casi diez años me dedico a la fotografía de bodas, acompañando historias reales con una mirada tranquila y honesta.
Descubrí mi vocación en Dublín.
Hoy tengo la suerte de capturar historias en mi tierra, entre Castellón y Valencia.
Estar sin imponer.
Mirar sin interrumpir.
Lo que permanece
Con el paso del tiempo, casi todo desaparece.
De una boda quedan las alianzas, las fotografías y los recuerdos.
Y con los años, las fotografías se convierten en la forma de volver.

1968
Mis abuelos
Hoy, esas imágenes siguen ahí, guardando historias, gestos y momentos que de otra manera se habrían perdido.
Quizá por eso creo tanto en el valor de elegir bien a quien guarda esos recuerdos.

1996
Mis padres
Hoy fotografío historias que mañana serán memoria.
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